Obras Escultóricas

Son muchas las formas tradicionales mapuches que permanecen escondidas o desconocidas para la mayoría de los chilenos, una de ellas es el arte escultura, siglos de confrontación, de subestimación y negación cultural la han relegando a la peyorativa expresión de tallas al bulto o figura tallada de carácter ritual. Se trata de una verdadera institución cultural, la del mamülfe y el arte de la madera, aduntun mamüll era la máxima del creador mapuche. Un arte que tempranamente fue apreciado (aunque no comprendido) por los conquistadores. Alonso de Ercilla describe símbolos totémicos, palos labrados con terminación de aves; R. Latcham dice que los conquistadores quisieron ver las figuras de águilas de dos cabezas en las terminaciones de los postes de madera instalados a la entrada de las rucas (las mismas águilas del escudo español). Son innumerables las citas de cronistas en torno a este arte, sin embargo son las fotografías de cementerios mapuches tomadas en el 1900 las que permiten reconocer un patrón común, una estrecha relación entre las ceremonias sagradas y el totemismo. La religión antigua mapuche se expresó en todo el territorio habitado, incluyendo sus variantes Pikunche (gente del norte), Williche (gente del sur), Pewenche (gente del pewen) y Labkenche (gente de la costa o del mar). Es el totemismo el que nos permite entender los topónimos en Mapudungun (idioma mapuche), presentes en el centro sur de Chile y la relación de estos con las Cügas o Linajes (nombres propios de los hombres y mujeres que habitaban este territorio a la llegada de los españoles y apellidos después del 1900).

La variedad de piezas escultóricas permitía reconocer Wala mamûll, Manque mamûll, Ñanku mamûll, Wanglen mamüll, Wangleche, Pellü mamüll, Chemamüll, Mamüllche, Ñürü mamûll, entre otros hoy desaparecidos. Este arte representaba de manera figurativa animales, aves y gente (hombres y mujeres), todo como parte del totemismo; Institución violentada con la conquista y la colonización católica, al punto que a mediados del 1950 sólo era posible  ver en las comunidades el Rewe y esporádicamente en algunas comunidades los Chemamüll; poco queda, de esta tradición que buscaba  recordar la relación sagrada con los Nguillatue, de la comunidad con la naturaleza y de la comunidad y de todo hombre o mujer con el Wenu Mapu (tierra de arriba).

En este contexto es interesante el trabajo del profesor Omar Castro quien se propone una mirada amplia sobre las distintas formas escultóricas, contemplando máscaras, en madera y piedras, rewes, y chemamûll y ademas una mapa sobre Cautín en el que es posible identificar comunidades en las cuales la presencia de la escultura ritual esta vigente, aunque el trabajo es de los años 70 nos da una idea de la vigencia de la escultura ritual y de las zonas geográficas de mayor presencia. En este sentido es importante señalar que la vigencia del chemamûll y del arte escultórico mapuche se da en relación con otras prácticas culturales propias de la comunidad y asociada a lo sagrado  (el Nguillatun), sin embargo el trabajo de Castro permite formarse una idea de  arte escultórico en los años 70, una lectura superficial permite constatar lo que ha pasado en 30 años.

Hoy es posible ver signos de un retorno o apertura de la comunidad mapuche para hacer partícipe al resto de la sociedad chilena de este ámbito de lo sagrado, este es un fenómeno que se viene dando desde fines de los años 80 y coincide con las demandas sociales de recuperación de la democracia, en el que los dirigentes mapuches jugaron un  papel activo. Las demandas de tierra y la postura de las comunidades en relación a la construcción de mega proyectos han permitido una mirada compartida con un sector de la sociedad chilena, cada vez más sensible y abierto. También la celebración del Wetripantu (año nuevo mapuche) ha generado un espacio de participación y apertura para el mundo no mapuche.

En este sentido cobran valor las distintas iniciativas culturales tendientes al fortalecimiento de las prácticas culturales propias de los pueblos indígenas, el valor del patrimonio indígena, la vivienda, las artesanías y en especial esta nueva conceptualización referida al ámbito de lo sagrado y de lo simbólico, lo que la organización indígena ha denominado “Sitios de Significación Cultural”, se trata de la valoración y autoafirmación de la identidad mapuche y de su necesidad de ser reconocido como tal, entendiendo sus actuales desafíos en la compleja dinámica social y cultural de un pueblo. Por ello no sólo la tradición, sino además la resignificación de la cultura y sus espacios, ello habla de una cultura viva y con capacidad de adaptación y proyección permanente.